jueves, 18 de febrero de 2010

Ulises o Me voy


Estoy a punto de salir al aeropuerto, hacia San Juan.

Tengo una teoría de que dios, o el universo, o lo que regule la rotación de la tierra y tal, es una fuerza mezquina. Al alcanzar la felicidad absoluta, satisfacción en el trabajo, la familia, amistad, amor, etc., algo debe siempre arruinarse totalmente, o de lo contrario, la persona muere. He visto el caso de dos chicos y una señora, de ámbitos totalmente distintos, uno doctor, otro periodista, una divorciada, jóvenes, exitoso y enamorados. Poco tiempo luego de comenzar a formalizar sus relaciones, dando el último toque a su vida premiada, murieron repentinamente de aneurismas cerebrales, la forma más ridícula y aleatoria de morir, para la cual no existe ni aviso, ni diagnóstico, ni cura. Como si dios los tocase con el dedo y designase "Muere". Como si el ser felices nos llenase de hubris, esa soberbia griega que destruye a los héroes de las tragedias, acusados de desafiar a los dioses.

Temo que todo sea una mierda o que se me caiga el avión (o uno de esos desgraciados aneurismas). La idea de la felicidad absoluta me genera temor, no ilusión. Me he resguardado, como siempre lo he hecho, pero el puertorro está calando de manera inesperada Todo va bien pero...quiero desafiar a los dioses.


Escribo cuando regrese.

viernes, 29 de enero de 2010

Templado y sin compromiso o "¡Qué buen polvo broder!"

Tengo el pasaje comprado. Un amigo del Puertorro es agente de viajes y a través de jugarretas con mis kilómetros ahorrados y sus privilegios como agente consiguió un muy buen descuento (¿ustedes sabían que viajar a Puerto Rico normalmente cuesta como $770?). Salgo en tres semanas y me quedo semana y media.


Tanto él como yo estamos algo ilusionados. No hemos encontrado muchos chicos que se aclimaten tan bien a nuestros respectivos mundos internos. En las mañanas, cuando aún no se me quita del todo el sueño, lo siento a mi costado, desnudo como yo, y abrazo a mi almohada hasta con las piernas y nos besamos tiernamente. Bueno, en mi mente. No nos pone mucho el cibersexo, lo que nos gusta es arrecharnos mutuamente. Me quito el polo, me sobo sobre el calzoncillo, a él se le para (la tiene deliciosa) y me la muestra, etc.


Sin embargo, esto sólo contribuye a la arrechura maligna. Inútil ante mi genio, hace unos días me levanté a un tipo del gimnasio. Treintón, algo guapo, chaparro y de brazos y pecho como piedra. Hacía tiempo nos miramos ir y venir entre las máquinas. Muchas veces tuve que contener mi erección en los cambiadores, aunque no sólo por su presencia: como dije en el post sobre los saunas, estar desnudo con varios hombres me exita enormemente.


Ese día nos dimos señales más obvias que nunca, miradas más largas; nos demoramos al desnudarnos en el cambiador. Él se metió a propósito en la ducha a mi costado. Tenerlo desnudo duchándose separado por el vidrio traslúcido me la puso al palo instantáneamente y decidí jugar un poco con mi verga, en ángulo en su dirección. Él fue mucho más osado. Él tenía mucha más experiencia en esto; luego me contaría que en el sauna de ese mismo gimnasio se la habían chupado dos veces. Empapaba el vidrio con el chorro de la ducha para incrementar visibilidad y sobaba su miembro vulgar y exitantemente contra él. Yo hacía lo propio, quebrándome para su deleite.


Conversamos por entre las duchas (había poca gente) y quedamos en ir a mi departamento, previa barra energética, para no desfallecer en pleno coito. Fue bastante rico, sus fuertes músculos me encendían. A mí me encanta arrechar a mi compañero hasta que se ponga loquito por darla, por meterla o pedir que se la meta. Duró su buen rato; hicimos de todo.


Conversamos un buen rato después, saciados y desnudos sobre mi cama. Ésa es una de mis partes favoritas de cachar con extraños: los hombres son más honestos después que sueltan el chicle. Le pregunté qué se sentía ser tan lampiño. Descubrimos que teníamos un amigo cercano en común y por qué no nos habíamos hecho el habla uno de estos tantos meses que veníamos chequeándonos en el gimnasio (para él no hubo momento propicio y yo me chupo en ese espacio--fue él quien me empezó a mirar con fogosidad inédita ese día). Me dijo que el tire había estado espectacular y que la chupaba demasiado bien. Él no la rompía tanto, pero a caballo regalado...


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No fumo (nada), tomo muy poco, hago ejercicio y aunque nada quisquilloso, como saludablemente. Ergo, el vicio que me tocó conservar es cachar. ¿Les parece que mejor lo intercambio por otro y vuelvo a mi temprana juventud juerguera con furia?

Con el Puertorro todo está en veremos, nada formalizado y ambos lo sabemos. Me encanta, pero vive en Puerto Rico y ni él ni yo tenemos planes de mudarnos. Tal vez en un futuro semi-lejano. Pero hasta entonces...no sólo de pan vive el hombre.



jueves, 7 de enero de 2010

Prendado o Puerto Rico mon amour

Por fin de año las cosas en el trabajo se desbordaron y no me permitieron hacer nada. Además salieron proyectos de consultorías, con las cuales no terminé hasta el lunes.

Traté de seguir con Suavecito. Esa noche que quedamos, tiramos y comimos calatos en su cama. Yo aún no estaba convencido de la situación. En medio de todo el chongo con mi trabajo no pude ir a verlo y nos cruzábamos al conversar en msn--él dejaba su msn abierto y se iba, o lo hacía yo; no coincidíamos. Ya tiene a otro, quien me dice lo toma más en serio.

Seguí con mis escapadas. Pero me salió totalmente al revés.

Comenzó como un tire cualquiera. De la misma manera que Suavecito. El plan inicial, que urdimos online, era buscar a un tercero o ir a un sauna, pero al conocerlo supe que tenía que llevarlo a mi depa. Era puertoriqueño, pero nada reggeatonero (aunque no me opondría. ¿Han visto a René de Calle 13 o a Pitbull?), alto, blancón.

Hablaba lento y me miraba a los ojos. Besaba de manera que cóncavo y convexo encajaban perfecto. Le gustaba mi barba. Le gustaba hablar cochinadas mientras me la chupaba. La suya era algo larga y gruesa, pero no descomunal, lo cual habría prevenido que las cosas que llegaran a mayores--y a mayores llegaron.

Nos quedamos toda la tarde de un sábado en mi cama. Y toda la tarde y noche del domingo. Y toda la noche del lunes. El martes no fui a trabajar alegando enfermedad. No nos separamos hasta que fue a tomar su avión como a la 1pm.

Quedé medio atontado. Me ensimismaba cuando con mis amigos. Me entraba ansiedad. Recién pensé en pajearme 5 días después de su partida. Es que, como él me escribió en un email hace unos días, hablamos el mismo idioma. En capacidades lógico-discursivas, en la música que nos gusta, las cosas que nos hacen reír, cómo nos gusta experimentar con el sexo. Tenemos teorías similares sobre el origen histórico del clasismo post-colonial sudamericano y le gusta Virginia Woolf.

Hace casi cuatro años que no había sentido algo...bueno, algo. Ahora, por lo inevitable de la geografía, lo pierdo. Lo peor es que insistimos en escribirnos, aunque ambos tenemos claro que hablar de una relación es absurdo. Además, por más fulminante el enamoramiento, sólo nos conocimos tres o cuatro días. Pero fulminado estoy.

Hemos quedado en que lo voy a visitar en febrero.

Lo bueno es que al puertorro le gustan las historias calentonas, así que mi encargo es vivir algunas más para susurrárselas al oído mientras me besa el cuello y me baja el calzoncillo, yo sentado de piernas abiertas sobre su regazo. Tendré encima el cítrico de su colonia mientras le acaricio la espalda y los muslos, y yo no usaré desodorante, como me lo pidió.

Pero todo es tan eventual y, finalmente, inviable...

¿Pueden decirme cómo carajo hace uno para quitarse esta remaldita sensación de encima?

domingo, 15 de noviembre de 2009

Haciendo el intento o No pidan peras al olmo

La semana pasada, utilizando esa herramienta que ha definido una generación, la internet, conocí a un chico. Regularmente entro a un sitio web para chicos que buscan chicos en el cual tengo un perfil. Por lo general me limito a mirar perfiles que me gustan, sin siquiera enviar un mensaje a los dueños de los susodichos, pero de vez en cuando me mando. A veces me rechazan (via silencio total), a veces me piden mi msn (la típica del gay limeño) y fotos van fotos vienen, vemos qué onda. Siempre tengo que chequear si mi humor áspero no hiere sus sensibilidades provincianas--yo no aguanto pulgas.

Algunos son más de directo al grano, algo monosilábicos al escribir. Éste era uno de aquéllos. Conversamos un jueves y otra vez el viernes en la mañana y decidimos vernos como al medio día. Llegué a su departamento en Miraflores y toqué el intercomunicador. Sin respuesta. El guardia me miraba a través de la reja y el vidrio prensado. Responden. "¿Suavecito?" "Eh..."de parte?" (¿cómo "de parte"...a quién más has citado?) "Eh...soy SueltoenLima." "Ay...Suavecito, te buscan." Y se abrió el portón.

Su compañero de piso ya había emprendido la retirada hacia su cuarto, al otro lado del depa. Suavecito me esperaba junto al balcón de la sala. Le digo así porque tiene la piel más suave que he tocado. Desde la espalda a los glúteos a los muslos a las pantorrillas, es liso y terso; da tanto gusto acariciarlo. Nos presentamos, fuimos a su cuarto, traté de hacer algo de conversación, pero después de un veloz "Estás bonito", se me echó encima y cachamos de la forma más animal que he cachado en casi un año.

No puedo ni decir que tiramos, ni tuvimos sexo. Fue tan desinhibido (para un primer encuentro) que la única palabra que puedo usar es cachar. Su cara se retorcía en muecas monstruosas como de una arrechura iracunda, nos besábamos salvajemente, mordiéndonos y arañándonos las espaldas. Nuestra ropa quedó tirada hasta debajo de la cama. Su suavidad me ponía a mil. En momentos de reposo, nos besábamos tiernamente. Teníamos química para besar. Lo acaricié bastante. Me gustaban sus pantorrillas fuertes. Él me decía que estaba guapo, que no me esperaba tan guapo. Entrelazábamos nuestro cuerpos desnudos en todas las posiciones, calientes y sudorosos. Empapados.

Ya luego, más empapados aún, nos pusimos a ver televisión. Algún Top Model o algo así. Estaba bastante informado sobre los realities en general. Le dije que yo no tenía televisión.
Nos reímos un buen rato, acerté diciéndole que seguro le gustaban las baladas; confesó. Le puse mi iPod a escuchar Rancid, un grupo de punk. No se inmutó y siguió escuchando. Eso me gusta. No se parecía a mí, pero respetaba y trataba de experimentar cosas nuevas. Y no solo en la cama.

Estuvimos en calzoncillo besándonos en su cama, hasta tarde. Le conté algo de mi vida disoluta, nobusconoviera. Me dijo que yo me iba a enamorar de él, medio en broma, medio en serio. Al principio lo jodía con el tema, él a mí, pero hacia el final me di cuenta que él quería que nuestra conexión, la cual yo también sentí, a pesar de las diferencias ideológicas sobre entretenimiento, se convirtiera en algo más formal más rápidamente. O sea, esperaba de mí lo que muchos chicos han esperado y no han recibido. Quería que le de afecto, más del que puedo dar en un inicio. Lo abracé calato, lo besé suavemente, nos sonreíamos. Hasta le dije que me gustaba su cara. Pero de ahí a decir "me gustas", no pude. ¿Después de unas horas se puede decir? Siento que hay que conocer mejor a una persona para saberlo...tal vez sea rollo mío. O tal vez no me gustaba tanto.

Todo parecía ir bien en cortas conversaciones posteriores por msn, hasta hace tres días:

11:13:35 PM yo: pensé fácil pasarte a visitar
11:13:38 PM yo: jaja
11:14:07 PM .... SUAVECITO: a pasar a cojerme
11:14:11 PM .... SUAVECITO: claro
11:14:15 PM .... SUAVECITO: como soy un culo no mas.

Traté de bromear y le dije que en realidad fácil podíamos ver una película en su cama y chapar también. Me dijo que estaba cansado.

Me gustaría verlo de nuevo pero no sé si él querrá, a pesar de nuestro sexo exelente y nuestra conversación por lo general divertida y algo tierna. Aunque siento conexión, hasta afinidad (hoy le traté de preguntar que tal su fin de semana, como estaba), no soy de construir castillos de arena con gente que recién conozco. Ojo, no soy de los que tira, tiene algo y luego ni te vi (el sauna es una obvia excepción--más sobre eso cuando vuelva a ir a uno). Traté de conocerlo mejor, pero parece que no se puede ir a un ritmo lento. O tiras y te olvidas de su nombre o son novios...¿no tenemos matices, digo yo?

***

Esperen...mientras posteaba hablamos por msn...quedamos para vernos más tarde.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Cónchale vale o Así son los hombres, son una basura

En enero conocí a un chico que, para variar la rutina, me interesó bastante. Su madre es venezolana y su padre peruano, y se mudaron aquí hace como 10 años. Sin embargo, conserva su acento y me parece obnubilante cuando me dice "pana".


Todo iba bien, nos veíamos una vez a la semana, aproximadamente, luego un poco más. Siempre se iba de mi departamento muy temprano, o me decía que tenía que irme yo como a las 8am, aun los domingos (el departamento que compartía con su amigo estaba conectado a una casa debajo y me contaba que los de abajo eran de despertarse temprano). La pasábamos muy bien: me gustaba su cuerpo, a él el mío, teníamos química para besar y nos reíamos mucho. Hasta creamos bromas propias, que solo los dos entendíamos.


Me contó que más o menos estaba saliendo con otro chico. Yo le pregunté que si era serio, si eran novios y me dijo que no, que era todo relajado, que lo había conocido más o menos en la misma época que me había conocido a mí. Así que no había problema, yo sé compartir.


[Debo hacer un paréntesis para aclarar que por lo general yo no me meto con hombres comprometidos. A mí ya me han sacado la vuelta una vez y ese dolor no se lo deseo a nadie. Además la mentira me parece una de las cosas más corrosivas del mundo. Y yo le había hecho saber mi parecer. Pero sin oficialización, vale todo.]


Todo iba bien, hasta que una noche, calatos en mi cuarto, riéndonos y conversando sobre la cuestión, bromeando de cómo él tenía energía para los dos, se le escapa "Es que cuando estás con alguien por tres años..." y del sobresalto le metí un rodillaso en las costillas y se cayó de la cama (estábamos sentados abrazados). Me llegó que me haya mentido y que ahora yo sea el "otro".


Se sentía apenado, pero su pena me valía muy poco y le expliqué que eso presentaba un problema. Él me dijo que habían estado teniendo problemas y que yo le gustaba un montón, que no había conocido un chico como yo, me bañaba en besos y cumplidos. Que con el novio era más costumbre y conmigo era más pasión, que le cagué el cerebro y tal. Típico discurso de casado conflictuado.


Dejé de hablarle unos meses, pero la verdad, él también me había cagado el cerebro a mí. Pensaba en él, a veces hasta me pajeaba imaginándomelo. Hacíamos un juego delicioso en la cual sobábamos las cabezas de nuestras vergas hasta que babearan y nos estremecíamos al besarnos. Extrañaba su lengua, su voz, cómo nos reíamos.


Y todo iba bien conmigo hasta hace tres días cuando me llamó a preguntarme como estaba, alegre como nunca, no me pude resistir. Pasamos la noche en mi cama, dormimos abrazados. Por momentos, nos despertábamos y me recordaba como eran sus besos, como su labios encajaban en los míos. Su mirada.


Me arrepiento hasta cierto punto. Como dije, odio la idea de ser el "otro", pero...uno necesita afecto más allá de un polvo fugaz de vez en cuando y él es el primero en mucho tiempo que me ha hecho reconsiderar mi vida disoluta...irónicamente.

Creo que esta historia aun no termina.


lunes, 21 de septiembre de 2009

Chapar es para cabros o La revolución del beso

Estas semanas he estado bastante ocupado, así que no he podido mantener mi ritmo. Pero hace poco recordé un encuentro de hace unos años, fantasma de la Navidad pasada o algo así.

Estaba con un grupo de amigos a quien veo poco, vecinos de la infancia. Habían convergido coincidentemente conocidos suyos, chicas, etc. en una reunión como pocas desde que crecimos y tomamos distintos rumbos. Y había un conocido...de esos.

Conversábamos entre todos, la conversaciones fluían de un tema a otro; por ratos nos separábamos en grupos. Seguíamos conversando y un pata me hablaba cada vez más. Yo estaba convencido que estaba verídicamente interesado en mi trabajo como consultor en esa época, o que quería contratarme para algún proyecto, hasta que luego de unas horas me invitó a conocer la oficina de su papá, donde él practicaba. Era totalmente “caleta”, que le dicen. A las 2am, so pretexto me jalaba a mi casa, fugamos.

Era un poco más bajo que yo, trigueño. Delgado pero fuerte, espaldón. Guapo. Entramos a la oficina por una puerta que daba a un pasadizo y luego a un espacio abierto y escaleras para subir a los pisos superiores. Me dijo que no podíamos hacer ruido, que en algunos otros departamentos vivía gente, entre ellas una viejita chismosa.

Sentados en dos sillones de cuero me comenzó a mostrar la pequeña colección de videos y fotos porno que llevaba en su USB. Me dijo que tenía algunas más; yo le dije que mi selección estaba mucho mejor surtida. Comenzamos a desnudarnos el uno al otro y al acercar mi cara a sus labios, los suyos, suaves y delgados, partidos en media sonrisa repentinamente pronunciaron (agarrándome los hombros):

-¿Qué haces?
Eh......
-Yo no beso hombres.
...?
-Sólo beso a mujeres. No me enamoro de hombres.
...........?

Claro que se estaba adelantando un poco, o me vio cara de desubicado. Me pareció graciosa la idea de poder enamorarse después conversar y tocarse las los hombros y tetillas descubiertas y me reí. Creo que se puso a la defensiva.

¿Y qué era el amor para él?
-Proteger a mi mujer, cuidarla. Las chicas son frágiles, delicadas, por eso me enamoro.

Arguyí que el amor debería ser compartido por dos partes iguales, pero no era el público apropiado--el temor a llevar una vida completa homosexual horroriza a los “bisexuales” (más sobre esto en otro post), quienes justifican sus encuentros sexuales como “vacilones” o “huevadas”. Es muy 90s, pero supongo que ya entraremos en esa etapa retro, cuando los 80 lentamente pasen al olvido.

Tal vez traicioné mis convicciones al permitir que la arrechura gane: igual atraqué a chuparle la pinga y sendas amenidades. No la tenía muy grande...al final me vendí por unas 14 monedas a lo más. Sólo llegué a robarle un par de picos mientras él jadeaba durante la sesión.

Desde entonces he encontrado a uno o dos de esos que “no besan” y me he deshecho de ellos acto seguido. Al parecer, besarse entre hombres atenta no sólo contra las buenas costumbres, sino contra el sentido común del “bisexual”. Es la frontera final. Para mí representa otro tipo de frontera. Me indica si quiero seguir viendo al chico o si ésta es sólo una noche, o si ha chupado demasiado (alcohol, entre otras cosas), o si se lava los dientes frecuentemente. Es un hito, definitivamente y a mí me encanta besar, acaloradamente, desfachatadamente, con concha. O bueno, sin concha.

***

Tal vez esta historia haya echado leña al fuego. Es decir, sabiendo que es un acto tan controvertido, ¡a imponerlo!

La revolución comienza con un beso (gay).